sábado, 12 de julio de 2014

Desahogo inconsistente previo al dia que lo cambiará todo.

La historia cambia todo el tiempo, a cada minuto, en cada instante. Constantemente todo tipo de eventos alteran el devenir de cada uno de nosotros de manera individual y global. A veces esos movimientos son tan pequeñitos que ni siquiera los notamos. Tendemos a sentir la vida como una rutina, como una seguidilla de momentos reiterados que nos llenan de aburrimiento y frustración y nada nos saca de ese lugar oscuro. Provocamos situaciones diferentes y nos damos cuenta de que siempre llegamos al mismo lugar. La rutina de no ver esos pequeños eventos cotidianos que cambian nuestra vida, de no prestarle atención a esas personas que pasan frente a nosotros a diario, de no emocionarnos con nada. Pero no siempre es así. A veces esos movimientos no son tan pequeños y de tanto en tanto son enormes, hacen ruido, gritan desesperados para que los oigamos.


En algo más o algo menos de 24 horas un gran evento cambiará nuestras vidas para siempre, la de todos los argentinos. Porque aunque casi siempre nos cueste pensar en un todo cuando hablamos de país, indefectiblemente lo somos. Nos dividimos ideológicamente en cada cosa que vivimos pero no podemos dejar de ser un todo, heterogéneo sí, pero no hay un argentino sin el otro. No se puede ser “UN argentino” si no hubiera otros argentinos que nos hiciesen ser uno entre millones. Digo... es claro. Coppola hizo “El Padrino” pero sólo después de hacer “El Padrino II” y “El Padrino III”, “El Padrino” pasó a ser “El Padrino I”.


Entonces decía, este evento, quieran o no, cambiará la historia de todos los argentinos. Los que admiramos el fútbol lloraremos de emoción o pena. Los que recién estén en la etapa de enamoramiento llorarán por su nuevo sentimiento deportivo confundido con patriotismo exitista. Y está bien. Los que son indiferentes ante el fútbol no gozarán de nada por varios días en los que sólo se hablará de lo que ese evento de ojalá 90 minutos ofrezca. No tienen opción. El daño está hecho.
En 24 horas nada será igual y yo no me quiero dormir. Dicen que con sueño el tiempo se desvanece, cambia de ritmo. ¿Y si me duermo y sueño algo? ¿Y si me creo lo que sueño? ¿Y si todo pasa tan rápido que no me deja vivirlo? ¿Cuanto sale que el lunes no llegue nunca? ¿Cuanto me cuesta no volver a la seguidilla de hechos que pasan inadvertidos por mi vida, que me hacen pensar que vivo en una rutina llena de mierda?. Quizas si me duermo, cuando me despierte descubro que en Gaza no pasa nada, que esa pesadilla de niños sangrando y casas volando no es más que un potrero de barro y goles, de niños Haghighis y Rezas jugándose una olla de Mujaddara. Porque donde hay un potrero hay un sueño,  y eso no me lo pueden negar. Me duele la panza de nervios ¿uno siente dolores en los sueños?.



El lunes la vida de todos los Argentinos cambiará para siempre y tengo dudas de que otras personas que carezcan de sangre Argentina entiendan remotamente lo que significa para nosotros esto que estamos viviendo. Lo que significa la llegada del Lunes. Dudo que otros en el mundo entiendan porque no paramos de ver videos en YouTube, de discutir, de abrazarnos. De pensar comidas que sean livianas y que caigan bien a las 4 de la tarde. De debatirnos entre la cábala y la confianza, de medir cada palabra, el festejo, el dolor en las rachas de pesimismo. De recordar con alegría el pasado, a nuestros idolos, a nuestros próceres. ¿Sabrán lo que es castigar a la mente por esos instantes en los que perdemos la fe? No creo que sepan lo que es tener el corazón encendido las 24 horas del dia. 

Durante estos días, amigos que fui haciendo en otros países se pusieron en contacto conmigo haciendo alusión a este momento Argentino, “va a ser divertido”, me dijeron, “será un gran juego”, “espero que les vaya bien”. Dudo que entiendan que a los Argentinos no nos importa que sea divertido, que sea un gran juego, que nos vaya bien. Los argentinos no gozamos, no razonamos, no podemos ver la grandilocuencia de estas cosas. La vemos en la repe, la analizamos el lunes. Porque los domingos los Argentinos latimos, lloramos y sufrimos. Le tomamos el pulso al abuelo, caminamos y puteamos. Le preguntamos a la abuela “¿Que mierda es esto? ¿Lo puedo romper?”. Gritamos un gol que nunca entró y cuando vemos que seguimos cero a cero puteamos al línea que lo anuló. Le gritamos al técnico los cambios y lo puteamos cuando los hace, y si el que odiamos hizo un gol lo amamos, y si nos salva sobre la línea a los 90 minutos se convierte en cacique de una tribu que jamás admiramos para amarlo para siempre y pedirle una foto de su culo roto para guardar como una reliquia. ¿Que carajos nos importa a los Argentinos que seamos vistosos? Ni siquiera así vamos a divertirnos. Queremos ganar y no concebimos un Lunes sin eso. Ningún Lunes, ni este que vendrá ni ningún otro. Porque lo que más queremos es abrazarnos, darnos un beso. Los Argentinos nos damos besos todos con todos, hombre con hombre, mujer con mujer, ese hombre con la mujer del otro hombre. Nos damos besos y ya.  Estamos esperando el Domingo para decirle a nuestros amigos que los queremos, que no lo podemos creer, abrazar a la vieja y darle a Dios las gracias por el fútbol. Divertirnos con el pan y el circo que nos mantiene unidos, que nos hace ver al otro como un yo, porque los Argentinos somos soberbios, eso si. Engreidos y soberbios. Y si el otro es como Yo, lo quiero más. ¿Como puede otro pueblo merecer más esto que nosotros?.

Descubrí que se puede llorar en sueños, no es la primera vez que me pasa. Y este texto ya no tiene sentido porque ya no se ni que decir. Ya no me importa ni lo que digo porque total, en algo más o algo menos de 24 horas, mi vida va a cambiar para siempre. Despues veo como la pongo en marcha otra vez, como diría René de Calle 13 “me caí pero me levanté de la primera, como se levantan las flores en Primavera”. Pero también dice “cociname las ganas que mis sueños tienen hambre”. Asi soy, exigente y soberbia. Engreida y enamorada del fútbol. Te espero Lunes, te espero con el cuchillo entre los dientes porque nací celeste y blanca y de eso nosotros sabemos más que nadie.




2 comentarios:

  1. Sencillamente puro...salido de las entrañas de alguien con la sensibilidad justa como para clavarla al ángulo con tres dedos en el minuto 90'...grosa!! Sos capitana.

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