lunes, 29 de noviembre de 2010

El Domo Verbal y ¡¡¡Cuidado con lo que decis!!!

Yo quiero a las palabras. Me gustan. Me hacen sentir importante.
No me importa si son mías o de otro, o si tienen mi cultura y mis raíces. No importa. Todas sirven para la misma cosa.
Para mi, las palabras están para ser usadas. Eso de que si decis no se que cosa podes no se que otra, es medio un verso. No hablo de sinceridad sino de palabras, ¿no es cierto?. Solo palabras.
Hay algunos dichos sobre ellas como por ejemplo "que a las palabras se las lleva el viento" o que "las palabras es lo ultimo que nos queda"... Notese si son importantes, que hasta los dichos sobre ellas mismas se contradicen. Claramente, si me regalan un caballo no le miro los dientes, pero si esbozo una palabra, no se si el viento me la va a llevar o el dia de mañana, voy a vestirme con ella. Si son importantes. Tanto que su propia naturaleza me pone en la encrucijada de sobrestimarlas o subestimarla por que siempre va a estar a mi lado. En definitiva, eso es un poco lo que hacemos las personas con aquellas otras que siempre estarán a nuestro lado, como por ejemplo, nuestro reflejo. A la larga y a la corta, te querés deshacer de él, pero estará ahi por siempre. La unica oportunidad que tenes de esquivarlo es la indiferencia. Y aca es nuevamente donde aparecen las palabras y el temor que las personas le imprimen a las pobrecitas descaradas.

Un alto porcentaje de seres parlantes creen que hay palabras que no deben decirse. Claramente, no hice un estudio de campo para saberlo pero una vez, un amigo me dijo "vos siempre pensa que si a vos te esta pasando esto, quiere decir que a un gran millon de personas le esta pasando lo mismo". Entonces, yo creo que un alto porcentaje de seres parlantes creen que hay palabras que no deben decirse. No por que a mi me pase eso, sino por que cuando yo digo esas palabras que `no deben decirse` me mandan a realizar actividades escatológicas y resulta que no me dirigen el verbo por algunos dias. Y eso a mi me da bronca. Por que siento que estoy hablando con personas que no pueden pensar. Entonces, ahi me vuelve a dar bronca, pero esta vez la causa es mi soberbia.

A mi me gustan las palabras. Todas. Las buenas y las denominadas malas. Despues voy a escribir sobre ellas. Me gustan mucho los sustantivos para suplantar con ellos nombres y denominaciones. Es mi pasion buscar sinonimos para denominar las cosas que tienen nombres muy usados, o decirle carretera a la ruta. Me deprime un poco que una vez que emiti la palabra, el receptor se rie. Y se rie a carcajadas y dice `jajaja, la carretera jajaja`. Un gran signo de interrogacion cubre la cara de esta persona mientras la observo con un dejo de piedad. Como decia, me gustan los sustantivos. Uf, ¡y cómo!. Y una vez que los adopto, los modifico a su respectivo diminutivo, aumentativo, despectivo, hipocorístico o a su morfologia segun la region geografica (casita, casica, casillica, casiliiiiaa) es muy divertido. Aunque, para ser sincera, mi libido verbal solamente puede satisfacerlo mis amados adjetivos. Eso si que es vida. Esa parte "que se agrega" - que en definitiva, eso es un adjectivus- es la que deja verdaderamente sacar a la luz mis dotes innatos para la oratoria. Y tambien ese es el objeto de conflicto. El Objeto Directo de esta cuestion.
Yo armo una oracion basica, [articulo, sustantivo, adjetivo, verbo] y me arriesgo a fisurar el Domo Verbal dentro del cual se refugia el ser parlante para no romper las reglas ni transgredir los limites. Si no quiero vivir en este doble filo verbal debo cuidarme de utilizar algunos adjetivos.
Reglas para ser un ser parlante comun:
1) Nunca utilices el gentilicio para adjetivar a alguien si este alguien proviene de paises pobres o en vias de desarrollo: si vos decis: "Fulano, el francés, se emborracho y cagó en mi mesa" la gente se rie. Pero si decis "Fulano, el boliviano, se emborrachó y cagó en mi mesa" la gente te dice: "no seas asi". La aposicion es una gran enemiga del Domo Verbal.
2) Nunca utilices características religiosas para describir a alguien: parece fisurar el Domo Verbal afirmaciones tales "ese chico judío de mi clase", o "La Testigo de Jehová que paso por casa". La Fe Religiosa es una gran enemiga del Domo Verbal.
3) En una discusión, nunca adjetives al otro. Mas bien, seguile la corriente: decirle a tu contrincante oral que no puede entender tu postura es, aunque real, peligroso para el Domo. Las personas tienden a dar circulos sobre tu supuesta agresión y desvirtuar el tópico. Mas bien agredilos solapadamente dandoles la razón. Ese es un nivel de violencia tan epidermico que el otro seguramente lo note cuando ya no puede insultarte. O quizas jamas. La sinceridad es una gran enemiga del Domo Verbal.
La comunicación tiene que ser básica y consisa "pasame la sal" te paso la sal. "Te amo" vos siempre deci, te amo.. esta de moda.
A lo largo de ir reduciendo mi entorno, e ir padeciendo las consecuencias de mi incontinencia oral, me he dado cuenta que la sociedad anda sobre rieles sobre este tipo de preceptos. Estupidos y temerosos de no se que. Pero claramente hay miedo. Y el miedo a las palabras es un miedo muy pelotudo.
Ahora que digo, pelotudo, me doy cuenta que iba a escribir sobre las denominadas malas palabras. A esta altura de mi vida no se cuales palabras son buenas y cuales son malas. ¡Las mezclo tanto!. Uso las academicas mezcladas con las que aprendi en la calle y le agrego alguna por ahi que encontré en otro idioma. Todo en la misma ensalada verbal. Pero, recuerdo que cuando era chica, habia palabras que no podia decir por que mi mamá, mi papá o mis abuelos me decian "¡¿que dijiste?!". La primera vez recuerdo que pense que habían preguntado por que no oyeron bien. Y la repeti. Los cinco dedos de pique corto sobre mi boquita de 3 años de edad me hicieron notar que la ultima parte habia estado de mas. Creo que dije pija, como una exclamación, derivada de algun objeto que me habia parecido atractivo (espero que limiten sus pensamientos morbosos en funcion de que intento respetar la anecdota como sucedio). Creo que fue un osito que mi abuela saco de una maquinita y yo exclamé "Que pija!". Y me comí cinco dedos. Pero dedos de abuela, osea, acariciantes. La cosa es que hoy pienso, que me golpearon por no saber usar la palabra adecuada en ese contexto. Y lo tomo como una buena enseñanza. De todos modos, este asunto se volvió cada vez mas oscuro por que comenzaron a aparecer palabras que para mi eran corrientes pero que cuando las decia, me miraban mal o me decian "Jimena, que dijiste?". A este respecto, recuerdo otra anecdota, sentada yo en la ventana de mi casa, cantando una cancion del famoso y muy de moda casette de la taquillera "Tango Feroz", otra vez comi dedos, pero esta vez eran de papa. Y solo habia dicho "tajo". Mi confusion crecia dia a dia en los tiempos en que no podia determinar cuales eran las palabras que no debia decir.
Por suerte, esas epocas ya pasaron. Y yo aprendi a colocar por mis propios medios las palabras de este lado de la columna o del otro. Entonces, pelotudo, mierda, verga, conchuda, sorete, cara de concha, son buenas palabras. Sin embargo, hambre, discriminacion, crimen, miseria, represión  me provocarian otros `cinco dedos`.
El temor sobre el uso de las palabras es lo que ellas mismas intentan callar. Yo estoy segura de ello. Muy segura.

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