Tal como sucede con todos los seres humanos, hay ciertas personalidades que influyen sobre otras con distintos grados de intensidad. Algunas causan normalmente (en un sentido popular del termino) perjuicios limitados, pero hay otras que llegan a ocasionar daños terribles, no a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras. Uno de los principales detonantes para estos efectos es, sin duda, la estupidez.
Sin embargo, un estúpido no tiene conciencia del daño que puede ocasionar, simplemente, por que no tiene conciencia de sus actos. Es estúpido, claro está. Y como tal, actúa guiado por prejuicios, que absorbe, o que su propia estupidez provocan.
Un prejuicio es justamente, algo que se gesta previo a una reflexión pertinente sobre un hecho o situación. Y como todo acto prematuro, deriva en algo irracional, carente de evaluación, por lo tanto de razón. Claramente.
En algunos casos el prejuicio es la consecuencia de un mecanismo de defensa para aquello a lo que se teme, un resguardo de la realidad. Y como la realidad no es individual debemos pensar este prejuicio en clave social. De aquí que, si el prejuicio es irracional, aquellos que lo generan también lo son.
Y si de realidad hablamos, hay que ser verdaderamente valiente para asumirla como social y congeniarla con la propia, para hacer de la realidad social una alternativa a la individual. El estupido no puede ni siquiera pensar en una realidad alternativa por que le teme. No es malvado ni debil, sino un cobarde. No se atreve a tomar partido de estas versiones de la sociedad por temor a que tales transformaciones pongan en duda ciertas estructuras e instituciones que están dadas y con las que coexiste.
Nuestra sociedad, como tantas otras que desconozco pero me temo no sea esta una característica propia de los argentinos, y dentro de la Argentina, las distintas sociedades reinantes, juzgan constantemente lo diferente. El diferente debe vivir como un híbrido inoperante para no llamar la atención de los señores perfectos que oponen el dedo critico a cualquier tipo de cuestionamiento o realidad alternativa. Un inoperante seria lo mejor. Y todos estos prejuicios excluyen fundamentalmente nuestros derechos como ciudadanos y personas, de elegir nuestro propio estilo de vida.
Quien se atreve a quitar su mirada de aquello que esta dado como natural en una sociedad y reflexionar sobre estos hechos, no solo logra sociabilizarlos sino que también se permite construir su propia realidad y con ella, su identidad. El estúpido no sólo no puede ser artífice de su propia existencia sino que tampoco pretende ponerla en duda. La estupidez incita a acatar los mecanismos de construcción de la identidad como propios y esto es obra de los espacios de poder y las instituciones que así logran cristalizarse mediante la anulación de la conciencia critica. Creo yo.
Un estúpido se sirve de los mecanismos de construcción social para constituirse como ser y rechaza lo diferente por miedo a enfrentarse a los pedazos rotos de una estructura que el mismo aceptó y hoy ya no le satisface. No quiere ni puede tener una mirada reflexiva sobre el mundo. Si el estúpido se alejara del temor e hiciera como el valiente, que intenta decodificar el pensamiento común y debilitarlo mediante su análisis, podría desnaturalizar lo social y así comenzar a construir su propia identidad. Desde un pensamiento mas critico, despojado de prejuicios, y mucho menos primitivo. Pero bueno, es estúpido al fin.
Jimena Salas Perilli (2005)
veo q desde entonces, me preocupaban los mismos temas.. jejeje
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